Hay ciertos tópicos acerca de las relaciones de pareja que me gustaría revisar. Uno de ellos es perder la cabeza cuando nos enamoramos. Las canciones ilustran esta situación. Cantan a no poder vivir sin él, o sin ella... a que mi vida se acaba si no estás tú... Aunque me cueste la vida te esperaré... Incluso dramatizan el despecho: mueven la ilusión de que el desprecio acabará en el momento en que "ese" -que me ha abandonado-, se dé cuenta de lo valioso que somos.
Es más, cuando regrese nos vengaremos haciendo lo mismo. O cantan a la amante que espera, que disculpa la ausencia, la incomunicación y la negación a compartir... O, por el contrario, gritamos cantando nuestro sufrimiento; reclamamos justicia. Canciones de amor, o de desamor, según le miremos. Hemos agradecido que nos alivien el dolor de perder la cabeza, ignorantes de alentar la codependencia.
¿Qué os parece una canción que invite a una responsabilidad compartida? ¿Una canción en donde no haya culpables?…Las letras de las canciones, con su poesía, alimentan creencias que pocas veces cuestionamos porque nos conmueven en los sentimientos. Y distraen nuestros enredos emocionales...
Una muy buena amiga me comentaba que en donde trabaja hay varias mujeres entre los 35 y los 44 años, separadas y con hijos, que han dejado su relación y han empezado una nueva, prácticamente con el mismo perfil de las anteriores que les causaron sufrimiento y que además terminaron en ruptura. Y me decía: ¡¡no se dan cuenta de que es lo mismo!! Es cierto, nos hemos acostumbrado a buscar la misma ruta de desahogo emocional, aunque el resultado sea una y otra vez, el mismo. Yo la primera.
Reposar una ruptura, o darnos tiempo para conocernos a veces nos parece una pérdida de tiempo, o simplemente nos puede el ímpetu de lo que sentimos. ¿Y qué podemos hacer con nuestro desasosiego interior? Imposible, ¡¡estoy que me subo por la paredes!! Necesito hablar con él; o estar con ella; mirarle, tocarle.
La desesperación de sentir que no hay alguien en nuestras vidas, o por lo menos en nuestra cabeza se vuelve insoportable. Y como yo, muchos de nosotros nos habremos hecho la misma pregunta: ¿por qué no soy capaz de esperar? ¿Para qué caigo una y otra vez en lo conocido, si conozco el resultado?
Es una dinámica dramática, que está asociada a la imposibilidad de ser mi mejor amigo y con la que busco ansiosamente que alguien lo haga por mí.
Y en ese frenético buscar, persigo no sólo que alguien me quiera, sino que, de alguna manera, la persona objeto de mi deseo, quiero que también sea garante de mi felicidad. Por lo general sólo me moviliza el recibir Amor, un claro indicio de que me siento carente. No le demos más vueltas... perder la cabeza es consecuencia de esa carencia.
"Para acabar con el drama tenemos que mirar hacia dentro en lugar de centrarnos en el otro. Antes o después, tras muchas repeticiones, empezamos a darnos cuenta de que, aunque los personajes cambien, la historia es la misma. De hecho, este drama a menudo nos obliga a dirigirnos hacia el interior". Estos nos dice Krishnananda en su libro de la Codependencia a la Libertad.
La conciencia de uno mismo te abre la puerta al conocimiento de la realidad menos conocida: tu mundo interior, lo que es considerado por maestros, terapeutas, sicólogos como vínculo necesario que puede llevarnos, en vez de perder la cabeza, a que consigamos tener más conciencia de la realidad que compartimos.
Sin embargo, pese a todo el sufrimiento que conlleva, he comprobado que la conciencia del drama es el primer síntoma para un nuevo comienzo. "Es fácil llegar al punto de sentirse desesperado y pensar que nunca lo vas a solucionar, que nunca llegará el amor a tu vida, pero según mi experiencia llegar a ese punto es bueno, pues nos da la motivación suficiente para hacer el trabajo interior que necesitamos hacer", nos anima Krishanananda.
Y estoy totalmente de acuerdo con él... la desesperación puede ser una aliada magnífica cuando tomamos conciencia de que el camino es comprometernos con una mirada interior que nos permita colocar nuestra cabeza en su sitio, o enfocarla a nuestro favor. Convertirnos en nuestros mejores amigos y aliados. Y si no sabemos hacerlo podemos recurrir a profesionales, maestros o a prácticas que nos guíen en esa vuelta a uno mismo.
Salir del drama se consigue si la persona se responsabiliza del resultado que quiere y comprende que el Amor es un ejercicio de dar, donde el recibir va unido a ese darse. Hagamos de ello un reto y sigamos aprendiendo juntos. Hasta la próxima semana.
martes 27 de octubre de 2009
lunes 26 de octubre de 2009
Hacen falta cinco cumplidos para resarcir un insulto
Os invito a la lectura del post de Eduardo Punset, divulgador científico, que ilustra la importancia de las palabras, de la palabra escrita y el uso que hacemos de ella en nuestras relaciones, especialmente con nuestra pareja. Es admirable su sencillez y su empatía comunicativa. Haz clip en el enlace...
Hacen falta cinco cumplidos para resarcir un insulto
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miércoles 21 de octubre de 2009
¡Dejemos de fingir!...
La decisión de continuar en una relación o el compromiso de crecer en ella, nos pide asumir el reto de superar los sentimientos negativos que actúan como un filtro, cada vez que surgen, y que colocan unas gafas bien oscuras a mi mirada emocional. "¿Alguna vez has experimentado una sensación de descontento que se podría describir mejor como una especie de resentimiento de fondo?". Con esta frase Eckhart Tolle autor de Un nuevo mundo Ahora, nos sitúa en una perspectiva diferente. Asegura que el resentimiento es uno de los estados negativos más comunes y el malestar que produce nos suele pasar inadvertido con facilidad. Se alimenta de creencias alojadas en nuestro subconsciente, es decir, de pensamientos.
"Piensas esos pensamientos de la misma manera en que sueñas tus sueños cuando estás dormido. En otras palabras, no sabes que estás pensando esos pensamientos, como el soñador no sabe que está soñando", nos dice Eckhart Tolle. Y coincido con él en afirmar que cada vez que nos sentimos infelices, insatisfechos, pesimistas, y abrumados por la queja, algo nos resiente. Y se asocia a pensamientos que hablan de ti, de lo que crees, de lo que esperas, de lo que estás convencido que ha de hacerte feliz.
La felicidad es un estado natural, que merecemos todos. Sin embargo es un estado conectando al sentido de nuestra realidad personal. Por ello acceder a ella pide como primer paso activar la conciencia de ti mismo. Sin embargo, pese a desearla y buscarla, es una posibilidad que alejamos cuando la condicionamos a ideas como las recogidas en el libro de Eckhart Tolle y que resumo: Algo no ocurre en mi vida, por eso no estoy bien y me resiento; algo no debió ocurrir, y si no hubiese pasado podría dejar de estar resentido; Deberías hacer esto o aquello, y estoy resentido porque todavía no lo has hecho. Mi resentimiento hará que lo hagas; la felicidad no sólo no estará presente, sino que además esos pensamientos me irán incapacitando para hacerme responsable de gestionar la escalada de sentimientos negativos que se instalarán en mi ánimo, y que me dominarán.
En ese estado, gradualmente se afectará el intrincado y delicado soporte interno llegando a deteriorar el cuerpo. Estar sometidos a un impacto permanente de sensaciones, deseos, ilusiones y frustraciones, acaba por desequilibrar los diferentes sistemas que nos rigen. Repercutirá en los órganos, afectando músculos, ligamentos, la masa corporal; reduciendo mis reflejos, mi movimiento vital, condicionando mi actuación y mi vida, debido fundamentalmente a un precario manejo emocional.
De esta manera sufro y contagio a otros de ese sufrimiento, sobre todo a mi pareja. Por ello en la entrada 2 sugerí empezar por la conciencia de ti mismo para dejar de identificarnos con estados internos que nos paralizan o limitan, y acceder a ella, permite tanto reconocerlos como aceptarlos. También introduje la premisa de que están sintonizados con nuestros recuerdos; con nuestras primeras respuestas infantiles. Y precisamente este es un aspecto clave a tener en cuenta cuando nos sentimos resentidos.
El viaje en el tiempo, que ocurre casi instantáneamente al revivir situaciones emocionales que nos pueden resultar familiares, revelan no sólo que éstas permanecen en un estado de latencia, sino que además nos acompañan permanentemente sin percatarnos, dando color o llenando de grises todas nuestras percepciones.
Cuando nos vinculamos en una relación íntima activamos ese estado de latencia y nos enteramos paulatinamente de la presencia del filtro. Sin embargo durante el proceso de enamorarnos por lo general pasa inadvertido para ambos. Lo interesante, es que suele tener especial protagonismo, aunque es una participación por lo general desconocida para nosotros, y que está presente durante todo el proceso de sentirnos atraídos por una persona, así como en la elección de aquella con la que luego nos vinculamos en una relación más íntima.
Puede que alguno se pregunte cómo es posible que dos personas lleguen a engañarse de esta manera. La verdad es que es un proceso fácil cuando nos sentimos culpables. Y ese es precisamente el sentimiento que engloba el conjunto de recuerdos unidos a creencias y sentimientos negativos. De igual manera tenemos un pozo de recuerdos positivos, sin embargo permanecen inactivos si la persona vive ausente de sí misma. Si no se conoce en sus luces y sus sombras.
El residuo de recuerdos -en estado de latencia- que se dispara paulatinamente al empezar el vínculo afectivo, está unido a un estado interno de inadecuación y de rechazo que nos hemos empeñado en obviar. Cuando tratamos de identificarlo solemos decir... "me siento mal; no sé porque me siento culpable..." Estas afirmaciones responden a una identidad personal oculta para nosotros, que puede que ni siquiera sea cierta, o si hay algo de verdad en ella, lo que pide, no obstante, es que asumamos de alguna manera el reto de vivirnos plenos conectados a nuestro potencial.
No tener conciencia de esta llamada y del reto que encierra, nos hace caer en el autoengaño. Por lo tanto, si esta es la forma en que nos relacionamos con nosotros mismos, engañarnos con otro hasta llega a tener cierta lógica. Que el sentimiento de culpa de lugar al engaño...Y que el engaño te aleje de las personas, es algo que genera sufrimiento y que pasa a diario. Nos hemos acostumbrado a fingir y a creer que somos auténticos.
El que coincidamos en esa tendencia gran parte de nosotros, ha de animarnos a la búsqueda de una autenticidad a partir de limpiar los recuerdos, los sentimientos negativos, que se resumen en un vivencia oculta de culpa. La suma continuada en negativo es lo que hace que duela tanto lo que sucede y lo que sentimos, hasta resentirnos.
Empecemos entonces con algunas sugerencias para la práctica de la conciencia emocional:
Paso 1: ¿Cuál es mi percepción? Si mi pareja dice: no te veo feliz conmigo, me parece que algo te pasa... Entonces le vivo como que me presiona; siento revolución, fastidio, deseos de defenderme.... De forma impulsiva se lo devuelvo con una contraargumento, o le acuso directamente; O quizás, opte por callarme, aunque me muestro molesto. ...Manipulo para que me entienda. Con todos estos síntomas es mejor que reconozca que se está produciendo un malestar que encubre sentimientos que necesito confrontar, y que mi reacción -cuestionando la intención de mi compañero o compañera-, lo que consigue es aliarme con la desconfianza interna. Ha llegado la hora de preguntarme ¿Qué me pasa? ¿Qué sensación tengo y en qué parte del cuerpo se aloja?
Paso 2: Entenderme con lo que siento. Defino lo que me pasa; me aproximo a ponerle nombre al malestar; ¿Cómo me siento? ¿Le puedo poner nombre a mi emoción? ¿De qué manera la percibo? ¿Me siento desbordado?. ¿Por qué me siento así?. Indago dentro de mi hasta asociar lo que me pasa a una emoción concreta. ...Quizás pueda aventurarme a comprender de dónde viene.
Paso 3. Me atrevo a indagar su validez: ¿Para qué reacciono de esta manera? ¿Con ello evito algo? ¿Qué beneficio aparente me reporta? De alguna manera permito encontrar el sentido al malestar; su utilidad; o el sentido que tiene para mí, de forma que pueda abrirme a una escucha más serena de mis necesidades personales y quizás de lo que pide que aporte a la relación.
Paso 4: Redefino mis pensamientos de forma que pueda construirme emocionalmente, reflexionando y sumando los pasos anteriores: la emoción que he descubierto y el sentido de mis emociones. Ha llegado el momento de ver qué hay de verdad en lo que mi pareja me dice. Es verdad que no consigo sentirme del todo contento. Tengo miedo de que algo malo suceda. Mi pareja me pide que comparta sus propuestas y me cuesta acompañarla. Ahora puedo contemplar otras opciones. Mi perspectiva de la situación es diferente porque... Y podría...
La conciencia de uno mismo te sintoniza con una nueva mirada emocional. Te das cuenta de que tu pareja no es tu enemigo y que puede ser un termómetro vivo y generoso de lo que suele permanecer latente dentro de ti. Sus palabras se convierten entonces en el toque amoroso que te despierta a mirar lo que nos pasa interiormente, sin que eso signifique sentirse juzgado o desaprobado. Y con esa actitud contagias al otro que empieza a saber cómo y en qué momento darte los toquecitos. Entonces pasa a convertirse en el aliado al que puedes acudir porque sabe mirarte con la comprensión que necesitas; porque sus palabras te darán el aliento y la visión que se te escapa. Es el amigo que quiere lo mejor para ti.
Cuando aplicas recursos como los sugeridos en este post empiezas a ser amigo de ti mismo. Y de ello irá nuestra próxima entrega. ¡¡Buena práctica!!
miércoles 14 de octubre de 2009
Puede que no le quiera...
Reconocer que has perdido el interés por tu pareja es algo que nos asusta. A veces percibimos esa irritante sensación, que nos atenaza y se apodera de nuestro ánimo, poco a poco, y nos aterra. Mirar huidizamente ese sentimiento nos lleva a la culpa. Si, es horrible, nos sentimos culpables, nos obsesiona y no sabemos ¿por qué? El dilema comienza. Te pasas las horas dando vuelta a los sentimientos... Al principio quieres ignorarlos. Te resistes porque quizás lo asocias a una sentencia de muerte para la relación. Sin embargo, su aparición es una clara amenaza para la estabilidad. Pasas por alto la señal de aviso y te enredas, y el sentimiento se va transformando en fastidio. Luego, llega un momento, que el pasarlo mal te ahoga y el criticar todo el tiempo en tu cabeza te desquicia. Así que no queda otra que aceptarlo: la relación no va, y mi pareja ya no me produce el mismo efecto que al principio.
Si un amigo pregunta a dónde se ha ido el entusiasmo que tenías por esa persona, francamente no sabes qué decir; o si inocentemente te increpa pero ¿qué fue lo que te enamoró de ella?. Te quedas en blanco... En el estado de rechazo en que te has sumido, no recuerdas nada. Te parece imposible haber visto algo interesante en ese ser del que ahora te molesta hasta cómo respira, si sonríe o si te mira dulcemente.
La pérdida de interés habla de un proceso de pensamiento asociado a tus sentimientos, que has ido dejando de lado sin detenerte a revisarlos. Te has sumergido en la práctica de negar tus sentimientos y con ello evitas detectar expectativas que tienen que ver más con tus valores y creencias no asumidas, que con las posibilidades de tu compañero de cumplirlas.
Cuando el otro no me vale en realidad es una clara señal de alarma para ti. Entonces recomiendo algo así como sentarte contigo mismo en un sofá y decirte: he convertido a mi amigo en enemigo... Hacer esto nos lleva por lo menos a la reflexión de responsabilizarnos y preguntarnos: ¿Qué es lo no quiero hacer? Porque sea lo que sea que reproche al otro, abordarlo y hacerlo mío me confronta necesariamente con una actitud personal que no estoy dispuesto a flexionar, y mucho menos que permita considerar el supuesto de inocencia del otro.
La verdad es que llegados a este punto, por lo general estamos tan llenos de razones y con tal negrura de sentimientos, que el supuesto de inocencia nos parece una tomadura de pelo. Necesitamos creer con total convicción en la culpabilidad del otro dado lo mal que nos sentimos. Y es verdad. Realmente nos sentimos muy mal. Aunque este resultado tan sufriente es producto de la trampa en la que nos sumergimos cuando no sabemos hacer un manejo constructivo de los sentimientos. Ese es el primer aprendizaje que necesitamos incorporar, o quizás recuperar, para disipar el fantasma de la falta de interés.
Que nuestros sentimientos sean nuestros aliados, que nos ayuden a construirnos es el objetivo. Tienen la función de modular todos nuestros procesos de pensamiento, nuestra motivación y por ende, nuestro estado de ánimo y actuaciones, -sin hablar de los efectos y cambios fisiológicos que generan, ya que están conectados a nuestra química corporal-
Dorothy Corkille Briggs en su libro "El niño feliz" nos dice que bajo la tensión de las emociones intensas, entran en acción ciertas glándulas, que producen cambios fisiológicos mayores y asegura que nos transforma en personas químicamente distintas. Esta investigadora hace hincapié en el papel que tienen los padres en el proceso de sus hijos, de aprender a expresar, manejar y comprender los sentimientos negativos.
Y es que los sentimientos negativos son emociones intensas que reprimimos, ignoramos y pasamos por alto; o todo lo contrario, somos indulgentes con ellas y dejamos que nos arrastren, porque damos una respuesta emocional parecida a la que elaboramos en nuestras primeras interacciones familiares. Sea de una manera u de otra, son respuestas polarizadas que las damos de forma automática y conviene plantearnos la posibilidad de modelar una nueva manera. Incorporar este pensamiento por lo menos nos hará permeables a esa opción de aprendizaje.
Conviene tener presente que cuando estamos en pareja reproducir nuestras respuestas emocionales infantiles es algo inevitable. Las relaciones afectivas están vinculadas a nuestros sentimientos primarios, a nuestras asociaciones de amor y desamor, y a todo aquello que hemos fabricado, para bien o para mal, sobre nuestra identidad personal, y se apropian con fuerza de nosotros en la interacción cuando tenemos poca práctica de autoconocimiento.
Antes de pasar a contarle nada al otro, lo primero es parar el ataque. Porque la pérdida de interés son pensamientos, uno detrás de otro, que provocan una química, y por ende, se notan en tus gestos, en tu mirada, en tu aliento, en tu respiración. Y la química moviliza, te agita, entonces te mueves, casi siempre por impulso. Entonces harás cosas, dirás palabras, te moverás, o te paralizarás... y todo evidenciará ante tu compañero o compañera, tu falta de interés.
Necesitas la expresión de los sentimientos para parar el ataque. Dorothy Corkille señala que cuando los sentimientos se expresan mediante la acción física vigorosa, la arcilla, la pintura, el teatro, la música, el baile o las palabras, la energía envuelta en la emoción se descarga. Esto permite regularse y conseguir cierto equilibrio, lo que ayudará a dar el segundo paso: tomar la decisión de aprender a manejar constructivamente tus sentimientos.
Para ello puede servir un espejo, una silla, o una hoja de papel, o lo que consideres que pueda valerte para hacer un ejercicio de desdoblamiento en el que consigas hablar contigo mismo. La condición es que te abras a una genuina aceptación de ese sentimiento de falta de interés, sin que medie ningún juicio, ni rechazo. Eso es lo que hay ahora, sentimientos negativos que al comenzar a expresarlos pierden su poder destructivo.
Abordar tus sentimientos negativos te permite eliminar el comportamiento indeseable que tengamos con nuestra pareja. Revisarlos nos dará una información provechosa antes de hablar con él o con ella. Podemos optar por comunicárselo y plantear alternativas para mejorar la convivencia. O bien, ser prácticos y terminar la relación si vemos que nuestra falta de interés tiene un fundamento irresoluble; Aunque por lo general el buscar espacios y alternativas personales que llenen las carencias emocionales que ha sacado a la luz ese sentimiento suele ser un buen camino para restablecer el interés.
Sin embargo, si decidimos continuar la relación el sentimiento de falta de interés ha de superarse. Y para ello recomiendo la lectura del blog de la próxima semana. ¡¡Buena práctica!!
jueves 8 de octubre de 2009
¿Por qué estoy contigo?
Enamorarnos es el indicador emocional que nos lanza a una relación de pareja. Se convierte en nuestra brújula interior para iniciar una nueva aventura afectiva.
Por lo general confiamos plenamente en ese indicador, convencidos de que esa naciente relación responderá a nuestras expectativas, acariciadas silenciosamente en la intimidad, o aireadas libremente con un amigo.
Estamos plenos de esperanza, y con la piel cargada de recuerdos por los momentos que se suceden, casi siempre acompañados de una revolución interna que nos hace sentir ¡¡vivos!!.
Plantearnos por qué querría tener una relación con esa persona y para qué, sería casi una impertinencia. Parar... sosegar el enamoramiento, y preguntarme, suele asociarse a romper el encantamiento, a que merme el festival de sensaciones y emociones que nos seducen.
Cuestionarnos sobre el sentido de nuestra revolución interior la percibimos entonces como una pérdida de espontaneidad, que puede conectarnos con una especie de sensor represivo. Un acto que trae a la memoria la voz paterna o materna, que machaca con ciertas advertencias, y que voluntariamente decidimos ignorar, porque escuchar en ese estado febril en el que nos encontramos, le percibimos casi como un "pecado".
Si algo bueno tiene el enamoramiento es que nos insensibiliza al pesimismo y nos reconecta a una sensación de superhombre o supermujer, y gracias al recuerdo del otro, nos sentimos capaz de todo, aunque, en la presencia del amado o de la amada, aún nos inunde el nerviosismo, porque todavía nos sentimos frágiles, porque nos arrebata un creciente deseo de que, algún gesto o caricia, confirme que no es un sueño su interés por nosotros. Escondido está el miedo a que no sea real lo que percibimos.
De ahí que pasado un tiempo de relación, en algún momento nos preguntemos ¿por qué estoy contigo?... como si de improviso cayéramos en la cuenta que el otro no es como tú imaginabas, o creías que era. Casi de repente tomas conciencia de unas cuantas cosas que nos habías visto, o que si se dieron, pasaste por alto. Y ese compañero, o compañera, evidencia con fuerza que tiene elementos del carácter, actitudes y comportamientos, visión, o sentimientos que ahora parecen hacer imposible entenderse, o por los menos, el hablar sin tensiones.
Nos sentimos decepcionados sin tener en cuenta que la pérdida de lógica que experimentamos en nuestra relación con el otro, que nos parece habernos sumido en el más profundo desengaño, fue una decisión que tomamos en el momento en que el enamoramiento se convirtió en una brújula ciega para el conocimiento de ambos.
Si de partida no tengo en cuenta los elementos que indican la diferencia, y que marcan el conflicto, en vez de ser un encuentro que construye a ambos miembros de la pareja desde el autoconocimiento y la observación de la realidad de cada uno, se convierte en una crónica de la muerte anunciada de una relación.
El enamoramiento que surge de no saber estar conmigo; de la abstracción personal porque desconozco el ejercicio de la mirada interior; de la debilidad para responsabilizarnos de lo que quiero vivir, realizar o compartir; es un práctica continuada de autoengaño que nos sumerge lentamente en el escepticismo acerca del Amor y que nos debilita emocionalmente hasta tal punto que terminamos en la senda de perseguir relaciones cada vez más disfuncionales o implenas, o en el aislamiento y la negación a dar.
Puedo enamorarme con otra mirada emocional. Convertir el proceso de conocer al compañero de viaje en una oportunidad de cambio personal es un acto de humildad que requiere valentía para poner el foco en tu propio autoconocimiento y apostar por la integridad de tus verdaderas motivaciones. Entonces amarse es un ejercicio continuo de trazar un puente de comunicación con el que cada uno estimula lo que Es y sus posibilidades internas.
Acceder a esa mirada emocional y dar los pasos por esta nueva ruta es el reto de este blog....
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