domingo, 24 de agosto de 2014

¡Está VIVO en ti!

¡Se acabó el amor. ¿Alguna vez lo hubo?... Quisiera entender, -porque me ha pasado-, que hay un deseo en las personas de algo que nos impide seguir mirando con amor cualquier cosa. A veces ello sólo dura unos segundos. Aparece fugaz en el momento de sentirnos mutuamente atraídos.

Y puede que haga falta un marco teórico para romper un cliché. Para ello, primero conviene compartir lo que entiendo por amor. He llegado a la conclusión de que es aquello que nos permite seguir percibiendo bondad, admiración y unión aunque lo que pase se aleje un poco, o totalmente, de lo que en un primer momento imaginamos.

Cuando decimos que se acabó el amor suele pasar lo siguiente: ha vencido el deseo de algo que termina siempre en ruptura, y que ha dejado de estar consonancia con aquello que nos llena de plenitud, y que nos hace relativizar lo que pasa.

Hay algo que no casa desde el principio, sólo que le pillamos tarde y mal. Nuestro deseo es legítimo, sin embargo no encaja con lo que sucede. Y aquello que un momento nos hizo percibir como ideal, se convierte en una frustración diaria, hasta que no se aguanta más.

¡Cómo nos la juega la imaginación! Desconozco que alguien empiece una relación sin desear que funcione, y sus sensaciones iniciales son ciertas. Sólo que están puestas fuera de la diana.

El cliché es que las provocas el otro. Pues no. Son tuyas. Y ciertamente surgen de la más hermosa visión de lo que puedes compartir. De ahí que el otro no sepa muy bien de qué van. Sólo puede intuirlas y suponer que son coincidentes a las suyas.

¿Cuánto nos detenemos a conocerlas y hacerlas crecer juntos? ¿Generamos o consenso o damos por hecho?

Si, como yo, creo que la gran mayoría de nosotros imaginamos que el otro las cumplirá al pie de la letra. Algo que ocurre en parte. Desde la visión de la otra persona. Si estamos muy apegados al sueño de que el otro cumpla nuestro deseo, el amor se esfuma. Es inevitable.

Se enreda con todos los recuerdos de desamor, de otras parejas, de otras vidas, de tu familia de origen. De lo que quieras. ¡Se enreda! y es una lucha continúa por que algo pase, que no pasa.

Si, y cuando pasa la ruptura creemos que nos hemos engañado con el otro. Sin embargo, ha sido nuestra imaginación la que nos ha engañado. Nos hemos rayado lentamente y entonces el Amor se acaba. Ya no puedes mirar al otro con la bondad, admiración y unión del principio.

Ciertamente, las veces que he creído que mi compañero o que una amiga me defraudaba simplemente había aterrizado a su realidad desde una perspectiva que no era la mía. Por lo general esto está fuera de la ecuación al analizar lo que nos pasa. Cuando creemos agotar todas las instancias, desde aguantar, concluimos que el otro no nos quiere, o no nos da lo que necesitamos.

De manera que el amor pareciera que es un ejercicio de ausencia de deseos. Alguna vez me han preguntado: ¿entonces de qué manera hay que estar para tener una relación normal? ¿Acaso hay que ser perfectos?

Eso mismo me decía yo hace algún tiempo. ¡Perfección! singular deseo que esconde más una exigencia de lo que rechazamos. Es mucho más fácil, -y eso me digo ahora-, apreciar lo que está ahí contigo, sin apenas darte cuenta de su fidelidad.

Para eso el foco ha de estar en ti, descubriendo a cada momento, que no hay un sólo instante en que un pensamiento te inunde de bienestar si así lo quieres. Creer que el amor está fuera es lo que arruina cualquier visión cuando te encuentras con otro.

Su imagen susurra a tus sentidos para que recuerdes que el Amor está siempre vivo en ti.