sábado, 11 de octubre de 2014

Tengas 12 ó 49: ¿Y ahora qué?


Enseñanza de vida a los 12 como a los 49.


La primavera, la adolescencia, y el enamoramiento son estaciones en tránsito, donde nada es lo que parece. Tienen en común la ignorancia de quien no ha vivido, y sin embargo, se arropa justo de lo contrario: la absoluta certeza de que sintamos lo que sintamos, eso es verdad. 

Muchos de nosotros vivimos con esta percepción el resto de nuestra vida, y me pregunto, si desde este ventoso, intangible y desdibujado lugar ¿es posible tomar decisiones acertadas? 

Los adjetivos que uso nos sitúan, no obstante, en el reto de la presente estación de otoño, e invitan a la revisión y a la limpieza. Desprendernos de percepciones que nos permitan empezar de nuevo y a favor.

Sin embargo, para algunos de nosotros durante el otoño de nuestra vida, - y se nota con fuerza a partir de los 49 años-, el viento del desprendimiento nos agita con amargura. El balance de las decisiones tomadas nos sumerge en una zozobra con menor esperanza: ¿Y ahora para qué vivir? ¿Apasionadamente, o con pasión?

La película de este mes consigue revisar una inquietud con la nostalgia otoñal de quien mira atrás y se asoma a otra época. Indagar en cuánta realidad o irrealidad hay en nuestras relaciones, tengamos la intención del amor o de la amistad.

Me refiero a An Education, también conocida como Enseñanza de vida. Es una película británica de 2009, basada en un artículo autobiográfico de la periodista británica Lynn Barber, que se desarrolla en Londres a los comienzo de los 60. 

Es la historia amorosa de Jenny, una brillante adolescente que quiere ir a la Universidad de Oxford, y David, un hombre veinte años mayor que ella. El argumento le resumo con la frase: nada es lo que parece.

El aprendizaje primordial de la adolescencia ¿cuál es? A escondidas de la mirada familiar se experimenta poniendo a prueba valores incorporados y los límites se testan desde esta premisa. Cada época ha tenido su particular manera de hacerlo, aunque el marco de referencia sigue siendo el mismo.

Hay un tránsito por descubrir lo que es diferente, o afín, a nuestro mundo familiar, y en esa doble elección o interés, el adolescente mide con qué fuerza se ha ido conformando la base de su personalidad. Lo que aflore, los encuentros, las decisiones abren caminos, y a veces pareciera que cierren otras opciones. ¿Cuál es el peso que tienen todo ello pasado más de 30 años?


Nueva Perspectiva

Si hay un sueño que permanece inalterable para el adolescente de cualquier época es la aceptación de su persona desde el respeto de su forma de ser. Y si miramos a nuestro alrededor, las relaciones humanas encuentran en ello su talón de Aquiles para el desencuentro.

Una incondicionalidad, que por deseada, se pone a prueba. La extorsión, por muy sutil que sea, es insoportable. La condición, si podemos esgrimir alguna, es que en relación se acepte las diferencias en las formas de ser. 

El adolescente experimenta dentro de su casa la primera confirmación, o no, del amor incondicional de su forma de ser. Y hay un resultado. El adulto respeta quien es con naturalidad. Se conoce, y sabe confrontar sus idas y venidas

En la película, Jenny, testa y descubre esa incondicionalidad. Nace al respeto de su persona, no sin antes perderse un poco. Algo que no es ajeno a ningún adolescente, aunque no todos consigan reafirmarse con decisiones que les potencien.

Jenny es valiente y quiere una vida apasionada. Tiene cualidades, es brillante en los estudios y sus padres están en esa época, - los años sesenta -, en que es importante que las niñas estudien, aunque si aparece un señor respetable con el que casarse, las prioridades cambian.

Y David aparece con todo el atrevimiento y novedad que desea Jenny. La joven no sólo cumple su sueño de ir a Paris al conseguir David ganarse a sus padres y obtener su aprobación. Se transforma en mujer. Sin embargo, todo se rompe cuando inesperadamente descubre que David es un hombre casado. 

Descubre que la mentira, la fachada y las bonitas palabras esconden la ausencia total de pasión por la vida.

Experimenta el amor, la primera relación sexual, y la dualidad de comportamientos oscurecidos que dejan en suspenso sus valores hasta abandonar los estudios. Apasionada en la irrealidad de lo que parece ser.

Lo mismo ocurre con la vida después de los 49 años, y también con la amistad y el amor a cualquier edad cuando relacionamos pasión y apasionamiento. 


¿Madurez con pasión? ¿Es posible?

Quizás sea el momento de desprendernos de una tendencia. Una amiga los bautiza como tratos de enamoramiento. En esos tratos quien percibe, negocia y también los rompe es la misma persona.  Lo hace sin contar con el otro en ningún momento. Solo que un día, por sorpresa, lo que aflora desmonta la irrealidad, después de muchos momentos de pasárselo bien.

¿En dónde queda la imagen proyectada de aquello en lo que te quieres convertir con el otro, o gracias al otro?

La consciencia, sin embargo, te da la medida de quién eres, desde dónde, y para qué decides cualquier experiencia que elijas. 

El autoengaño que sentimos de adultos en nuestras relaciones y al que atribuimos nuestras frustraciones, ya tuvo su equivalencia en la adolescencia. Sólo que la lección se quedó sin aprender. Seguimos haciendo tratos de enamoramiento en los que nada es lo que parece.

Como Jenny en la película An Education, el foco puesto en aquello que nos hace crecer nos lleva a distinguir y probablemente a tomar el camino del respeto a uno mismo. Un camino de vuelta al amor incondicional, tan esquivo en la adolescencia, y que nos da alguna posibilidad de compartir. 

La pasión a partir de los 49 son decisiones con el foco puesto en el aprendizaje y hechas con consciencia. Tú y yo elegimos la lección, el maestro y la forma de aprendizaje.