jueves, 18 de febrero de 2016

Adaptarse, la clave para ser feliz



Propongo liberarnos del desencanto como tónica de vida. 

Me refiero a ese sentimiento de decepción que invalida muchas de nuestras decisiones.  Atrevernos a la posibilidad de adaptarnos, en vez de boicotearse.

Todo proceso de adaptación se puede asociar a tres cosas: interés, motivación y admiración. Así me adapto a lo nuevo en la medida que estoy en estrecha conexión con las tres.

Interés, dado que responde a lo que quiero, metas, objetivo, valores.
Motivación, al estar vinculado a un propósito que me realiza.
Admiración, al reconocer en otros cualidades, retos o valores que me estimulan.

¿De qué manera?

Cuando me adapto estoy sumando. Nos sumamos a esa persona, situación o circunstancia, que en principio nos cautivó, sin que por ello tengamos que perder un ápice de la esencia de nuestras cualidades.

Sólo hay un inconveniente: ¿Es posible una suma si creo que no tengo nada con qué sumar? Esta duda está latente en el desencanto. Hay una cierta dificultad para detectarla con suficiente antelación. Después pasa lo que pasa. Sobreviene la confusión, la frustración y la desilusión. 

Da inicio un circuito viciado en el que me quejo y me quejo, deseando que algo mágico suceda.

Veamos tres ejemplos asociados a esto :

  1. Voy a una entrevista importante de trabajo y consigo ser seleccionado. Inexplicablemente, pasado un tiempo, empiezo a sentirme inquieto, o con ansiedad. ¡Me he equivocado!  ¿Qué me pasó si se trataba del trabajo de mi vida?
  2. Conozco a una persona que nos seduce por su carisma y determinación. Y pasadas unas semanas nos desconcierta lo impredecible que es. ¿Es esto lo que necesito?
  3. Me compro una casa, me instalo en ella, y empiezo a quejarme de la decisión. Echo de menos el otro espacio, y las ventajas que me ofrecía. ¡Ya es demasiado tarde!

Por instinto nos resulta más atractivo conseguir lo que creemos no tener. 

Sin embargo, en los ejemplos, el cambio no ha sido suficiente. ¿Se dio el cambio realmente en la persona?

El cambio de fondo es poner en valor aquello que nos llevaría a sumar. Sólo que no hay peor enemigo que uno mismo. Y queda reflejado en lo siguiente:

Cuando conversamos con una amiga/o nos sumamos a lo que nos dice. Alguna vez te habrá ocurrido que dependiendo cómo sea la conversación nos sentimos más fuertes o débiles. Si se ha dado lo segundo, te has sumado a su crítica, que es la misma que tú te haces.  

Si dejamos de cuestionarnos lo que representa la adaptación es probable que el desencanto deje de ser un obstáculo. 

Es necesario desterrar la crítica.

Ser valientes para escribir en un papel lo que implica ese cambio, estrujándonos hasta sólo recordar los beneficios del inicio, de aquellos primeros momentos, y luego aceptar que la dificultad actual reside en aquello que es nuevo para nosotros. Y acometerlo.

Liberarse del desencanto es un paso natural cuando me adapto rápidamente a lo que momentáneamente no tengo. 

Al dejar de verme carente de ello me convierto en un aprendiz, con la disposición y capacidad para incorporarle. El interés, la motivación y la admiración se traducen en voluntad para esforzarme en ese logro. Entonces la adaptación ha dado comienzo.

Las situaciones que nos producen una alteración emocional o una agitación nerviosa tienen que ver con una falta de adaptación. Ánimo, es el momento de abrirse a ese entrenamiento.

Hay un cambio al que no me adapto. Y en nuestras manos está convertirle un reto de aprendizaje.


Graciela Large de la Hoz
Coach de Inteligencia Emocional 
En relaciones
encontacto@gracielalarge.net


Una perspectiva del tema desde el enamoramiento y el amor, la tienes aquí en la sección de radio Soñar Antes de Dormir en Dale que truene.