miércoles, 21 de enero de 2015

La mejor versión de uno mismo

¿Es posible recordar quién es Uno aunque un accidente cerebral borre tus recuerdos? Quizás esta circunstancia sea una oportunidad para confirmar las decisiones que un momento se tomaron. Llegar a amar esa nueva versión de sí mismo que no se reconoce. Reconstruir los hechos pasados con una mirada libre de reacción. Sin juicio.

Un reto que afronta la protagonista de la película de este mes: Todos los días de mi vida. (The Vow)

Una experiencia que inevitablemente asocio a mi propio recorrido vital. Proceso por el que pasamos y que es lo más parecido a un estado de amnesia. De ahí que la película sea un espejo para responder a la pregunta ¿Quién soy realmente? La respuesta, cabe la posibilidad que la hayamos olvidado.

Paige, nuestra joven protagonista, se queda sin los recuerdos de sus últimos cinco años, y justo en ese tiempo ocurre que transforma su vida. Ahora no se explica cómo ha perdido contacto con sus padres. Estaba prometida, pero han roto.  Y qué decir de sus estudios como abogada. No se reconoce así misma. 

¿Qué le pasó en esos cinco años? ... se pregunta: ¿Quién soy?

Ahora Paige está casada, se dedica al arte, y vive en un modesto piso junto a su marido, que tiene un estudio de grabación. Leo es músico. La amnesia de su mujer es una prueba.

Leo tiene una teoría sobre los recuerdos: ... esos momentos impactantes, esos destellos de gran intensidad que ponen patas arriba nuestras vidas son los que acaban definiendo quienes somos. (...) Pero lo que nunca me había planteado era: ¿y si un día ya no pudieras recordar ninguno de ellos?

Y eso me hizo reflexionar queriendo encontrar sentido al reto de Paige.

Nacemos creyéndonos ignorantes y todo lo que pasa configura nuestra identidad.  De manera que la personalidad que al principio aflora es un traje con doble fondo. Lo que está en contacto con nuestra piel es nuestro autoconcepto, y lo que ven los demás de nosotros, es la autoimagen que proyectamos.

Puede que el traje funcione como nuestra segunda piel, o de lo contrario, vamos incómodos, dado que dentro y fuera terminan por no coincidir. Así, nuestra personalidad, - que combina autoconcepto y autoimagen- puede ser una mezcla incompatible que nos confunde. 

En este punto los recuerdos juegan su papel. Como decía Leo en la película Todos los días de mi vida, los recuerdos son momentos sucesivos en que hemos ido confirmando la definición que hemos hecho de nosotros. Dando lugar al autoconcepto: una identidad en la que puedes confiar, y a la autoimagen: esa sensación de seguridad en uno mismo con la que nos autodeterminamos y expresamos seguridad. 

O por lo menos eso creemos durante gran parte de nuestra vida. Salvo que en algunos momentos la personalidad es puesta a prueba. El cuerpo entonces enferma o se debilita. O empezamos a sentirnos solos, con miedo a revisar, porque nos aterra que podamos ser malos para alguien. Especialmente para nosotros mismos. Inducimos una amnesia que nos separa aún más de la posibilidad de dar sentido a nuestros recuerdos.


Cuerpo y movimiento. A veces, cuando conseguimos entender quiénes somos, dejamos de sentir que llevamos un traje y la estructura corporal refleja nuestros valores de identidad, y nuestros movimientos al relacionarnos tienen la seguridad que nos da la auténticidad. 

Como Leo, el protagonista de la película, también tengo una teoría. Que aunque no es nueva, es como si la descubriera por primera vez cuando repaso sin juicio mi historia. Y me digo: puede que vivir sea sólo eso, un proceso de recuperar la memoria. Quizás tu sufrimiento sea precisamente por el olvido de tu verdadera realidad. Y todos los acontecimientos de tu vida sean un proceso que tiene como único propósito: poder recordar quién eres realmente. Un regalo de la misma existencia.

Algo que yo, sin duda, no habría podido detectar si no hubiese reconocido en algún momento que hay maestros que me ayudan a recordar, al resonar a veces con alegría y en otras con resistencia, en aquello que necesito aprender.

Paige y Leo, ya se amaban.  Como no hay recuerdos en Paige, ¿De qué manera su marido puede acompañarle en este reto? Ella decide responder a la pregunta de quién soy, a partir de los referentes que todavía tiene: sus padres y su antiguo prometido. Leo lo propicia a partir de entregar al otro su maestría. Lo mejor de sí mismo.

Aquello que es un aporte de valor que transforma la relación en un propósito de aprendizaje. Otro proceso en paralelo que ocurre en la película. 

Así que la grandeza de cada persona es también su aporte de valor. El que nos permite tener la confianza y la seguridad para aprender de las situaciones, personas y circunstancias diarias. Salvo que la memoria nos la juegue.

Sin ella no podríamos siquiera atarnos los zapatos. La necesitamos para tejer el sentido de nuestras elecciones vitales. Es útil para dar contenido a los comportamientos: intención, profundidad o ligereza; impacto, sentido; y el grado de satisfacción personal. 

En este punto de la película diría que no tener memoria puede llegar a ser una liberación.

Una memoria que nos da problemas es intolerante a las experiencias no digeridas, y su impulso vital es me hacen... me hicieron...  La memoria intolerante impide que nos veamos en relación, como alumnos y maestros, al mismo tiempo.

Para este comienzo de 2015, quizás tengamos el deseo de borrar de la memoria todos aquellos propósitos que infructuosamente se intentaron y luego abandonamos.  Recobrar la confianza en que esta vez si lo conseguiremos. Que desaparezca el desgaste en mis relaciones o la desmotivación con la vida misma. 

Te propongo una manera de lograrlo. Reconocer a diario lo que haces bien. Y reconocer las tareas, acciones o decisiones de los demás, que aportan valor. 

Leo reconoce a Paige. En la película Leo comprende qué necesita de él realmente. Se da cuenta que lo importante es que Ella se recuerde a sí misma, más que recordarlo a él, o a lo que sintieron estando juntos. Los momentos que definieron la relación durante cinco años únicamente respondieron a la experiencia compartida de valores afines, y a las creencias que los fortalecían. Y por supuesto, a lo que cada uno estaba dispuesto aprender del otro, a partir de respetar sus dificultades. Así, en los momentos difíciles de cada uno, se aportaban sus fortalezas, su mejor actitud, todo lo que define su mejor valor.

Cuando todo se puso cuesta arriba, Leo aceptó el reto de crecer y reconocer a Paige, para que libremente confirmara la experiencia de sí misma. Ella no recuperó jamás los momentos, sin embargo, recordó perfectamente quién era.

Paige encontró por sí misma sus valores intrínsecos, que seguían vivos dentro, aunque ya no tuviese el recuerdo de cómo los había experimentado. Los mismos valores que configuraron su cambio y las decisiones de los últimos cinco años, de los cuales no había memoria. Ni consiguió recuperar.

Despertar a Quién eres es posible cada vez que reconozco lo que hago. Activa la voluntad de vivir. Y con voluntad es fácil definir y materializar, a diario, nuevos momentos vitales. Hace posible el definirnos en nuestros valores y generar hábitos que nos den confianza y seguridad. 


Una fórmula con doble resultado: el recuerdo de quién soy y el éxito al relacionarnos. Tiene indudables ventajas. Estar presente y pleno en la interacción.  Y sólo así la memoria es un útil al que recurro para aportar valor, mientras recibe lo que aprendo con cualquier persona. Feliz 2015